lunes, 7 de abril de 2014

Malvinas, la OTAN tan al sur que no se entiende

Por pedido de algunos lectores cuelgo acá algo un poco viejo, pero que no perderá actualidad, porque los piratas siguen allí.


Año 7. Edición número 306. Domingo 30 de Marzo de 2014
Por 
Raúl Argemí. Periodista
Fortaleza Malvinas
Para afirmar su potestad sobre Las Malvinas y, de hecho, los mares aledaños, los británicos, con apoyo de EE.UU., han construido en la Isla Soledad la gran base militar de Mount Pleasant (Monte Agradable), la llamada Fortaleza Malvinas. Inau­gurada en 1986, tiene una pista de aterrizaje de 2.590 metros de longitud, que permite la operación de transportes de tropas y blindados como los gigantes C-5, un puerto de aguas profundas donde atracan submarinos convencionales y atómicos, e instalaciones donde se albergan varios miles de efectivos militares y otros tantos “contratistas”, figura de fantasía que encubre a mercenarios técnicos y militares.
Ni la defensa de un puñado de civiles malvinenses, ni las supuestas operaciones contra el narcotráfico justifican tal despliegue de fuerzas, como no sea porque allí se entrenan contingentes de soldados que participan en las guerras de Gran Bretaña. También es inquietante la afirmación de los especialistas de que allí, en función de hipótesis bélicas que conducen a una nueva Guerra Fría, se almacenan explosivos nucleares.
Las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur son hoy una pieza importante en la estrategia global del imperialismo y particularmente en el accionar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), actualmente extendida por todo el planeta. Concretamente, integrada al sistema global de inteligencia y comunicación de la OTAN, es uno de sus enclaves mejor equipados y, lejos, el mayor en el hemisferio sur. Pero los británicos no están solos, porque su socio mayor en la OTAN es EE.UU., que comparte los servicios malvineros, en parte para sus bases sudamericanas del llamado Comando Sur, que se complementa con la resucitada IV Flota de Guerra de los Estados Unidos patrullando el litoral atlántico.
Un documento de 2008, el que define “La Estrategia del Comando Sur hacia 2018” deja clara la idea de que el sistema de seguridad a nivel continental debe garantizar al Pentágono la posibilidad de realizar operaciones en cualquiera de los países de la que consideran su “área de responsabilidad” y también en los que denominan “espacios neutrales”, es decir aguas internacionales, espacio aéreo, espacio cibernético. El Atlántico Sur es uno de ellos.
Con base compartida en las islas tiene el control del Atlántico sur, de las rutas que unen América con África, la conexión el continente Antártico, y el paso al Pacífico por el Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake. ¿Qué está en juego? Los campos petroleros marítimos descubiertos recientemente en Brasil, sus equivalentes en el mar continental argentino y las riquezas pesqueras de la Patagonia.
Arma por arma. La Fortaleza Malvinas cuenta oficialmente con unos 1.500 efectivos, de los cuales residen en forma permanente algo más de 500 y los otros mil son parte de contingentes rotativos que llegan para un entrenamiento de combate que puede durar desde un mes y medio hasta cuatro meses, antes de seguir viaje hacia Irak o Afganistán. Teniendo en cuenta que los “kelpers” civiles son 2.800, sin incluir los civiles de la base, uno de cada tres habitantes de Malvinas es militar.
Una observación de la base y un rastreo de documentos oficiales señalarán que este emprendimiento, que costó 1200 millones de dólares, merece ser depositario del orgullo de la Corona de la OTAN y de la Unión Europea, que avala el avance sobre todos los territorios que entran en su interés, extendiendo Europa hasta Tierra del Fuego. La amplitud de las pistas y las instalaciones de la base la han convertido en la mejor equipada de América del Sur. Secundariamente, su ubicación en Monte Agradable ha convertido a esa ciudad –Mount Pleasant– en la segunda en importancia en el archipiélago.
De acuerdo con la información que no se puede ocultar a los observadores internacionales, en la base militar hay cuatro zonas acondicionadas para aeronaves, con 50 hangares normales, siete reforzados y estacionamientos de naves subterráneos. En la Fortaleza Malvinas pueden operar simultáneamente más de 80 aviones de combate y unos 20 cisternas o transportes, porque tiene dos pistas de aterrizaje. Una de 2.590 metros y la otra de 1.525 metros, aptas las dos para las operaciones de transporte y combate.
En la actualidad en la base han reemplazado cuatro de los Panavia Tornado F3 –que entraron en combate en Irak/1991– de la escuadrilla 1435, por otros tantos Eurofighter Typhoon, el caza bombardeo más letal y moderno del mundo. Con el Typhoon se puede volar hasta muy adentro del territorio argentino y desde allí disparar misiles con un alcance de 700 kilómetros. Esa unidad de combate se complementa con otra, la 1312, que tiene un Hércules C-3 y un cisterna VC-10. Luego, la unidad 1564 tiene dos helicópteros de rescate Sea King HAR.3 y un helicóptero CH-47 Chinook, para transporte de tropa.
Por el lado del mar, Monte Agradable cuenta con el puerto de aguas profundas Mare Harbour, donde ancla la flota británica e invitados. Allí las fuerzas británicas alternan al HMS Clyde, el HMS Montrose, el HMS Dauntless, cuentan con el destructor HMS Edimburg, además de buques de patrullaje, cañones de artillería de 105 milímetros, y sistemas integrados de misiles y radares Rappier FSC/Dagger. También, desde el año pasado, cuentan con el submarino HMS Talent, con propulsión de energía atómica y misiles crucero Tomahawk que le dan un alcance de fuego de 2.000 kilómetros de alcance.
Lo ya dicho, ni los pocos malvinenses decididamente probritánicos que viven allí, ni la supuesta hostilidad de una imaginaria Argentina belicista que podría volver a invadir las Malvinas, ni cualquiera de las razones tipo guerra contra el terrorismo o el narcotráfico, dos fantasmas inasibles, explican un despliegue de fuerzas tan desproporcionado. Lo cierto es que, gracias a esta movida, la Falkland Island Company (FIC) pasó de administrar campos de ovejas a ser un poderoso aparato económico multirrubro, y los isleños pueden alimentar sus noches al calor del fuego de turba, recordando que el príncipe Guillermo, uno de los herederos de la Corona, cae por allí de tanto en tanto llevado por sus obligaciones militares.

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