Corrían los años
70, y cómo corrían. Todavía se vivía la ola folclórica que habían comenzado en
los 60. Nunca me llevé bien con el folclore. Hoy tampoco. Tal vez ya era un
anarcomarxista salgariano sin saberlo: ni Dios, ni Patria, ni Rey.
Lo cierto es que
me daban en los huevos los que cantaban zambitas, y en plan petardo agarraba la
viola y atacaba con dos temas de Manal: Jugo
de tomate frío y No pibe.
Hoy, por una nota
en Berisso Blues, “Manal, un sueño
premonitorio”, he vuelto a aquellos precarios blues de Manal. Precarios porque
se adelantaban al punk “robando” música con un par de tonos.
Ahí van: