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martes, 24 de junio de 2014

Gardel, el fútbol y la mufa

Gardel con su amigo el jockey uruguayo Irineo Leguisamo.


Dicen que Gardel era un gordito que para filmar sus películas, verdaderos antecedentes de los videoclip, se estrangulaba la cintura con faja de señora entrada en carnes. Probablemente por eso, por el estrujamiento, sonreía de costado; pero esa es sólo una presunción. Que fuera gordito no sería de extrañar, puesto que en esos años la flacura era obligadamente proletaria y la pancita signo de que al portador las cosas le iban bien y comía seguido. Tanto que la imagen icónica del burgués lo mostraba con cadena de oro cruzando un prominente abdomen, como un puente colgante ahumado por un poderoso cigarro habano. Y Carlitos, como cantor de unos años en que las estrellas viajaban en tren y no ganaban ni la mitad que un plomo de los Rolling Stones, empataba en cintura con los tenderos acomodados; lo que no lo inhabilitaba para que practicara algún deporte y fuera fervoroso admirador de otros.
Lo más conocido es su pasión por "los burros", dicho en lenguaje de seguidor turfístico. Pero no se quedó en los purasangres de carrera sino que también, aparte de las sesiones de gimnasia -presumiblemente sueca- con que se castigaba de tanto en tanto, era admirador del boxeo y seguía con igual entusiasmo un deporte que, por esos años, dejaba de ser una manía inglesa para convertirse en dominio de multitudes, el fútbol.
Su relación con el fútbol y el deporte en general, se presentó como un fortuito cruce de calles y nos trajo una historia que promedió más o menos así:
-Carlitos… ¿por qué no te vas a cantarle a los uruguayos?
Rebobinamos y comenzamos un poco más atrás, cuando reparamos que a una quincena de "fondos buitre" y copa del mundo en Brasil, se sumaba otro aniversario del momento en que Carlos Gardel ni voló ni retornó de las cenizas como el ave Fénix en el aeropuerto de Medellín; todavía sin Pablo Escobar.
La memoria entró a la cancha y nos propusimos hurgar en el pasado, digamos que deportivo quién, de aquí en más, llamaremos Gardel para eludir la caída en la retahíla de apodos que evitan la repetición del nombre.
A Gardel lo teníamos en tangos como "Leguisamo solo", "Por una cabeza", "Bajo Belgrano", "Preparate pa`l domingo" y el irónico "Paquetín, paquetón" con que fustiga a uno que no gana una carrera ni con ayuda del Papa de turno. Lo teníamos como dueño de caballos que nunca le dieron un gusto grande, pero que, como Lunático, pasaron a la historia con tango propio. Ese era su "berretín", pero no excluyente, porque es conocido que seguía de cerca el boxeo, una actividad que despertaba fanatismos en su tiempo y que supo compartir, sin enterarse, claro, con Julio Cortázar.
Cortázar, a quién recordamos todo el año, reconocía que no le gustaba el fútbol porque "En el fútbol son once contra once, gana o pierde un equipo. La responsabilidad individual se diluye, todo se diluye; alguien pudo haber jugado muy bien o muy mal pero nunca tiene la plena responsabilidad del triunfo o de la derrota. En el boxeo eso no es posible". Sus palabras podrían ser una diatriba contra algún gobierno o un alegato sobre la política, pero más político era Borges cuando decía que el fútbol "es popular porque la estupidez es popular". Por suerte empataba Osvaldo Soriano que escribió algunos relatos imperdibles como "El penal más largo del mundo" -sacado de su experiencia de jugar para Cipolletti en Barda del Medio- o la homérica narración titulada "El hijo de Butch Cassidy", que coloca a un hijo del legendario bandido arbitrando un partido en la Patagonia. Un partido donde se dirime el mejor del mundo, en paralelo con el mundial de fútbol de 1942.
Pero volvemos a cuándo a Gardel no lo mandaron a "cantarle a Gardel", pero sí a los uruguayos.
Cuentan que cuando jugaba la selección Carlos Gardel iba a las concentraciones para animarlos cantando. Pero que después de las Olimpíadas del 28 y el Mundial de 1930 esa relación dejó de ser cordial.
El primer tiempo de esa historia fue cuando, para las Olimpíadas, Gardel estrenó ante el seleccionado el tango "Dandi". Después, como cabe esperar, le aseguró al equipo que cuando jugaran se llevarían la medalla de oro. Sólo que eso no se dio, porque el oro se lo llevó Uruguay, que les ganó en la final.
El segundo tiempo fue un par de años después, en 1930, en Montevideo. Gardel entonces repitió "Dandi" el tango que les había cantado la vez anterior, pero muchos jugadores lo miraban con desconfianza. Para algunos Gardel ya era mufa, yeta, yettatore, gafe, dicho en lunfardo de varias raíces. Tal vez por eso, para empardar la mano, a uno se le ocurrió dar vuelta la pisada, hacer un enroque
-Carlitos… ¿por qué no te vas a cantarle a los uruguayos? Por que si no, se pueden resentir ¿viste?.
Gardel fue y les cantó a los uruguayos, pero la contra mufa no funcionó y en la final Uruguay le ganó a Argentina 4 a 2. Así fue, cuentan, que uno de los jugadores sentenció, definitivo: "Che, Carlitos, vos en el próximo Mundial no vas a cantar".
Tal vez Gardel no fuera portador de la mala suerte, si es que eso existe, y mi pata de conejo no lo permita, pero en todo caso su relación con el fútbol nunca fue muy afortunada. Lo determinante, tal vez, para confirmar su perfil de yettatore o no, sería su afiliación al Racing Club de Avellaneda, un equipo que en los tiempos de Gardel se ganó el apodo de "La Academia".
Si era o no yeta ya no se podrá saber, pero, sí se sabe que también era hincha del “Barça” cuando iba a España y, puntualmente, a Barcelona. También que solía cantar, vaya a saber para quién, el tango "Patadura". Un tango que, visto lo que va del mundial, especialmente alguno de los partidos, podríamos compartir otra vez sumando la intención irónica del Morocho del Abasto.
"Piantáte" de la cancha, dejále el puesto a otro
de puro "patadura" estás siempre en "orsay".
Jamas "cachás" pelota, la vas de "figurita"
y no "servís" siquiera para patear un "hand".


jueves, 12 de junio de 2014

Di María sabe donde tiene los pies, no sólo en el fútbol



Ángel Di María, mediocampista del Real Madrid no olvida su origen, como Maradona, sí, como Maradona, aunque con diferencia de estilo. Rescato algunos fragmentos de declaraciones suyas previas al Mundial de Brasil, por lo que dice y a quién se lo dice. “La Garganta Poderosa” es una revista hecha por villeros. Una herramienta de comunicación con la que pelean para tener, por ejemplo, una casa y un techo que no sean precarios y de lata.
Un dato: En estos días “La Garganta Profunda” se está haciendo desde las favelas, las “villa miseria” de Brasil. No tengo por qué retratarlos, se definen solos: “La Garganta es una cooperativa de trabajo de La Poderosa, una fuerza social que se construye desde las villas de todo el país, buscando transformar la realidad a través de la organización y la unión vecinal con asambleas barriales”.
Y no digo más.


“Quiero ganar el Mundial para demostrar que sólo con la plata no se puede ser feliz”
El mediocampista argentino que es una de las mayores esperanzas del Seleccionado Nacional para el Mundial, Ángel Di María, le brindó una entrevista exclusiva a La Garganta Poderosa en la que se refirió al fútbol desde un lado más humano: “Quiero ganar el Mundial para demostrar que todo es posible. Y que no sólo la plata nos puede hacer felices. Sin tener un mango, a veces uno vive momentos más plenos que cuando tiene plata. Y eso siempre lo mantengo en la cabeza… Ahí está mi meta, en esa alegría que tendría muchísima gente en la Argentina, si lográramos conseguir la Copa del Mundo”.
La figura del Real Madrid tuvo un íntimo encuentro con la revista cooperativa que se encuentra haciendo desde las favelas de Brasil la primera cobertura villera de la historia de un Mundial. En la charla, Di María agregó: “Mi riqueza es el cariño de mi familia y mi hija, no la plata. Y ese afecto, no lo cambio por nada, como tampoco cambio por nada la compañía de mis amigos, ni la emoción de volver a La Cerámica, mi barrio humilde de Rosario, y poder ser el mismo. Ningún bien material será nunca más valioso que todo eso. Hoy, tengo la misma ilusión que todos los argentinos: de poder lograr lo máximo, para darle esa alegría a la gente, desde adentro de la cancha, y jugando de la mejor manera posible”, afirmó el surgido de las inferiores de Newell’s.
Di María se sacó el casete y reconoció los sentimientos ambiguos que le suceden por dentro, a horas del debut: “El Mundial se disfruta porque estar ahí es algo muy lindo, que uno sueña día a día, desde que llega a Primera. Pero a su vez, cuando estás ahí adentro, se sufre, porque sabés que hay un país detrás, haciendo fuerza”. Y sobre la cobertura de La Garganta en el Mundial, expresó: “Es una alegría inmensa que viajen con nosotros, porque nos hacen sentir el respaldo de los barrios más humildes. Y también, porque yo veo que el fútbol les cambia la cabeza a los chicos y los ayuda a reaccionar en los malos momentos. Eso, a uno lo pone muy contento y le hace pensar que la pelota va más allá… Ojalá, dios quiera, podamos ganar este Mundial, para eso, para alegrar a los más humildes”.


“Tuve todas las carencias en mi infancia”
“Mi papá dejaba la vida en la carbonería para poder comprarme botines y llevarme al entrenamiento, cada vez que podía. Cuando no, me llevaba mi mamá en bicicleta, en la que también cargaba a mi hermana. Sin embargo, y por eso mismo también, muchos de mis momentos más felices los viví cuando no tenía plata en esa infancia”.
 “Siempre que voy a Rosario vuelvo a mi barrio, a la Perdriel, esa calle que tengo tatuada en mi brazo y en mi corazón, para siempre, donde estoy alegre, como en ningún otro lugar. A mí vino la varita mágica y un día me tocó, para que pudiera vivir lo que hoy estoy viviendo ahora. Pero de mis orígenes no me olvido, allí me siguen tomando como el Angelito que siempre fui, porque yo, soy el mismo de siempre”.


“¡Es hora de urbanizar, ya!”
“Es hora de urbanizar ya, tiene que haber un cambio. Para eso es necesario que quienes están arriba lo quieran hacer, porque es muy complicada la situación en la que vive muchísima gente en Argentina, por todas las problemáticas que hay”.
“Las cloacas, el agua o la luz, no son cosas difíciles de mejorar, si se quiere sacar al país adelante. Además, eso no sólo es una necesidad de los barrios humildes, sino una responsabilidad que nos cabe como sociedad. Si hay voluntad, se puede cambiar”.
El mediocampista de la Selección Argentina también apoyó a la Carpa Villera, donde vecinos de distintas villas sostienen desde hace más de cincuenta días una huelga de hambre, interpelando al Gobierno de la Ciudad a que cumpla las leyes de urbanización: “Lo que yo les puedo decir es que sigan peleando por ese objetivo, por la urbanización, por las cloacas y por todo lo que a nadie le debiera faltar. Ojalá lo consigan. Yo, desde que mi hija salió del hospital después de haber nacido con sólo seis meses de gestación, y luego de estar internada dos meses, siento que todo se puede sacar adelante. Y entonces, les pido eso: que sigan luchando”, sentenció, luego de sostener con convicción el cartel que rezaba: “Yo apoyo a la Carpa Villera”.



Algo más para leer ycompartir con los amigos y, tal vez, contagiarse de su consigna: “todo es posible”.



jueves, 23 de enero de 2014

Sincretismo y con cretismo




El gran filósofo Cesar Bruto dijo: ¡Qué grandE sinvento la navidA y la fiN de Anio!, colocando estos encuentros anuales junto a otros inventos de la humanidad, igualmente destacables, como “les queletO y el osígenO”.
Como, de una modesta manera nos hemos propuesto rescatar la función cultural de Cesar Bruto y su periódico “Verso si notisiA”, hacemos este breve sobrevuelo por la antropología comparada, titulado, “Aspectos singulares de las navidades catalanas, sincretismo y con cretismo”.
Los catalanes no le dan bola, o le dan poca, a la Noche Buena. Ese día es el de “caga tío”, que se pronuncia -por si viajan lo aclaramos- “cagatió”, con el acento al final, que viene a ser pronunciación de Aragón. (En Aragón, los baturros, acentúan el castellano como las palabras del mapuche, siempre en agudas. De lo cual se podría desprender que el mapuche es un dialecto originalmente aragonés, o a la inversa, pero eso lo dejaremos para futuras indagaciones)
Seguimos con el “cagatió”, que es un cacho de tronco -que en Aragón con sutiles diferencias se llama “la tronca” (fonética: troncáááááááá) - al que se le pinta una cara. Desde una semana o dos antes de Noche Buena, la gente de la casa le suministra al tronco caripintado comida y regalos; lo miman. Luego, en la noche del 24, lo cagan a palos sin piedad, para que el tronco cague regalos. Que lo hace, claro, produciendo confusiones culturales varias, como suponer que en lugar del “caga tío” el que regala es Papá Noel, Santa Claus o vaya uno a saber quién.
Lo interesante de este sincretismo catalán, que junta el cagar a palos con el cagar regalos, es que tiene su extensión en los belenes, donde nunca falta, junto a Reyes y pastores, el “caganer”; un sujeto o sujeta que está cagando junto al pesebre.
El caganer es tan importante que si una figura pública no tiene su caganer se siente menospreciada.
Del caganer nadie verdaderamente famoso se salva, ni Carla Bruni, ni Bush, ni Ben Laden, ni Maradona, ni siquiera el Papa.
Como muestra elegimos dos argentinos que pueden considerar que para Catalunya han llegado a ser primera línea, Messi y la presidenta Cristina Kirchner.
Está claro que, hagamos un poco de sicoanálisis social, los catalanes se hacen cargo de sus propias cagadas.

(Rescato este texto del baúl de mi otro blog, extinto.)